Y se fué, manchado en tinta y sin llorar. No cerró los párpados, pues nunca quiso tenerlos para no perderse nada. No hablaba para no parar de escuchar. Y se fué para no dejarnos nunca.
Unos se van... otros vendrán.
En memoria de ojete, el pez que resucitó.

Para todos los que contribuímos en su aparición en la ojete-house, y en especial para Laia, que fue quien lo crió. :)